Vida

En ocasiones me jode ser tan optimista

Sí, soy optimista y en algunas ocasiones me jode. Me jode por dos razones principalmente. La primera de ellas es porque el mundo es de los pesimistas. No hay más que ver las noticias en televisión o escuchar cualquier conversación por la calle para entender que estamos rodeados de pesimistas. Y la segunda razón es que al optimista se le considera poco menos que un iluso, una persona que vive “en un mundo ideal”, un inconsciente que no se hace cargo de que la vida es difícil y extremadamente cruel.

Si eres optimista tienes que estar dispuesto a que en cualquier conversación tus argumentos sean despreciados por considerarse irreales. Y es más, en realidad el pesimista pensará de ti que eres, en el mejor de los casos, un pesimista enmascarado que se hace pasar por optimista porque es la nueva moda o quieres parecer más guay, y en el peor de los casos, que eres simplemente tonto.

Ser pesimista tiene muchas ventajas, entre otras, es que éstos no tienen problemas económicos. Me explico. Dada la desconfianza del pesimista por la vida en general, y por la economía en particular, intentará acumular dinero y por supuesto desarrollará diferentes profesiones que se lo proporcionarán, como por ejemplo los mecánicos. ¿Y es que quién conoce a un mecánico optimista? Cualquiera que haya llevado su vehículo a un taller sabe que la avería siempre es mucho más grave de lo que parecía en un principio. Pero existen otras muchas profesiones pesimistas: agente de seguros, criminólogo, dietista, guardia de seguridad, guionista, militar, notario, periodista, psicólogo, socorrista…etc. En concreto existen dos profesiones que a mi parecer son el culmen de los oficios pesimistas: el funcionario y el crítico. En cuanto al funcionario todos sabemos que da igual la oficina a la que acudas que te atenderá siempre un tipo con desgana y con cara de perro, hecho que me parece sorprendente si tenemos en cuenta que es una de las ocupaciones en las que más se desayuna, pero además los funcionarios tienen algo que el resto de los mortales no tenemos: “moscosos”, esos días de libre disposición que llevan el nombre del entonces ministro que los aprobó, Javier Moscoso. Y en cuanto al crítico, pues que decir, la propia palabra lo dice ” crítico”, de ahí no puede salir nada bueno. Y es que existen críticos para todo: críticos literarios, de cine, gastronómicos, musicales…  ¡Hay que ser muy cabrón para ganarse la vida poniendo “a parir” el trabajo de otro y cobrar por ello!

Y es que al pesimismo le debemos mucho, que digo mucho, muchísimo. Gracias a los pesimistas se descubrió por ejemplo la Ley de la Gravedad. Si la manzana le hubiera caído a un optimista se la hubiera comido sin más. En cambio al pesimista este hecho le supuso algo muy grave y de ahí el nombre de esta ley. Bromas a parte los pesimistas han creado inventos tan maravillosos como el paracaídas, el airbag, el tipex, la brújula, el desodorante, la vacunación, el flamenco… Aunque también hay que decir que algunas otras invenciones descubiertas por pesimistas no son tan buenas: la guillotina, la bomba atómica, la báscula, la guerra, los impuestos, los seguros de vida, el calendario, el reloj, el matrimonio, el dinero o los lunes.

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Decía en mi primera frase del artículo que en algunas ocasiones me jode ser optimista y es que también hay que recordar que los optimistas han conseguido cosas grandiosas. Los acontecimientos históricos más importantes han sido realizados por optimistas: el descubrimiento de América, la caída del muro de Berlín, la llegada del hombre a la luna, etc. Y por supuesto también han realizado grandes invenciones: el lenguaje y la escritura, la música, la amistad, el fútbol, el chocolate, las vacaciones y los fines de semana, las devoluciones de Hacienda, las subidas salariales… entre otros muchos.

Los acontecimientos históricos más importantes han sido realizados por optimistas.

Existen también profesiones típicamente optimistas, como las que se mencionan en el enlace que os adjunto, aunque yo destacaría otras: deportista, arqueólogo, economista,  agente de viajes, astronauta, médico y todas las relacionadas con la cultura y la creatividad (músico, cantante, pintor, escritor, publicista, actor…). Pero si hay una profesión que debería de destacar por su optimismo es como bien menciona el filósofo Fernando Savater, el educador.  Y es que para educar hay que ser optimista, no queda otra. Educar es una labor importantísima que requiere de una persona dispuesta a “apostar” por sus alumnos y lo más importante debe fomentar entre el alumnado la motivación y las ganas de aprender, pues ellos son el futuro.

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Por mi parte y para concluir he decidido finalmente que bien mirado mejor sigo siendo optimista  en todas las ocasiones, que prefiero vivir en mi nube y que si queréis aquí hay sitio para todos.  Total ya lo dijo el maestro Yoda (alguna palabra he añadido yo): El pesimismo conduce al miedo, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento y el sufrimiento al lado oscuro.

Sólo espero seguir estando así de optimista el próximo sábado que hay partido de Champions para gritar bien alto, cuando el Real Madrid se alce con la victoria, el adverbio afirmativo por excelencia:

¡¡¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!!

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Vida

Cumpliendo un reto: «Un mes sin redes sociales». ¿Lo conseguiré?

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Hoy mismo hablando con una amiga comentábamos el «enganche» que sufrimos todos con el teléfono y como da igual el sitio en el que te encuentres (bus, metro, ascensor, restaurante, gimnasio…) que siempre habrá alguien mirando su móvil.

En las RRSS colgamos fotos de nuestros últimos viajes, de lo que comemos, de lo que leemos, nos hacemos selfies, informamos a nuestros seguidores de que hemos corrido la última media maratón y que nuestro estado civil ha cambiado de casada a divorciada. Inclusive ya hay profesiones que han nacido de éstas: Social Media Strategist, Social Media Manager, Analista web, Community Manager, Consultor e-Commerce, Content Curator, Content Manager, Digital Marketing Manager, Especialista en SEM, Experto en SEO, Experto en Comunicación Digital, Social Media Creator, Social Media Legal, etc.

Parece que todo fuera un poco locura. Bueno al menos para mi que crecí sin móviles, sin Internet y mucho menos sin RRSS. Desde luego Internet y las RRSS han conseguido acercarnos más a personas de diferentes lugares del mundo desde una inmediatez nunca vista en la historia de la humanidad. Pero así como nos han acercado a aquellos que están más lejos también a veces nos alejan de aquellos que están más cerca. Sin duda todos en una comida laboral, familiar o de amigos hemos sacado el móvil para interesarnos cada 5 minutos por si Fulanito ha «subido» una nueva foto, ver si nos ha llegado un email del trabajo o consultar el resultado del partido de fútbol de anoche. Pareciera que no pudiéramos dejar nuestros móviles de lado más de 2 horas seguidas.

Desde un punto de vista personal os informaré de que a mi me encantan las RRSS. He tenido cuentas de Facebook, Instagram, Twitter, Pinterest, Myspace, Youtube, LinkedIn, Skype, etc. Y con seguridad se me escapa alguna red social. Me gusta la fotografía y me gusta colgar fotos de cosas que me parecen interesantes y bonitas. Comparto frases, canciones y libros que me gustan y doy likes a las fotos y estados de amigos. Se puede decir que soy una «usuaria de manual».

Es por todo esto que he decidido comprobar en mis propias carnes 😜 si este «enganche» es real, si necesito la aprobación y los likes de amigos y followers para sentirme bien en mi día a día, en definitiva si necesito las RRSS.

El reto consistirá en lo siguiente: a partir de hoy mismo y durante 1 mes no podré utilizar las RRSS, ni «colgando» contenido ni mirando el contenido colgado. Para ayudarme en mi «noble cometido» desinstalaré de mi teléfono móvil todas las RRSS. Una vez terminado el plazo de desintoxicación os contaré mi experiencia totalmente sincera.

De momento y para ayudarme con el reto me he obsequiado con 2 libros que ya había leído pero que me encantan y que voy a volver a releer. Os los aconsejo, perdonar la expresión «muy mucho».

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Desearme suerte en esta temida batalla.

See you soon!

Cine, Vida

Woody, Roman y Kevin, ¿monstruos o víctimas?

Móni Money y Travis, abril de 2018

Hace un par de semanas los amiguetes del blog cuatroamiguetes.com (si nunca lo habéis visitado os lo recomiendo encarecidamente) me propusieron participar en un artículo conjunto sobre cine. Como muchos ya sabréis es una de mis aficiones favoritas y por supuesto mi respuesta fue un rotundo sí. En concreto el escrito se centraría en los últimos escándalos sexuales en el mundillo hollywoodiense.

Como más tarde comentaré en el articulo, siempre que se menciona el tema de abusos sexuales es inevitable que mire a mi niñez y adolescencia cuando mi hermana y yo sufrimos este tipo de aberraciones por parte de un familiar cercano. Evidentemente uno de los amiguetes, Travis, no sabía nada y me propuso dejar el artículo. Sigue leyendo “Woody, Roman y Kevin, ¿monstruos o víctimas?”

Relatos

La mujer del espejo

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Érase una vez un espejo mágico que revelaba el destino a todo aquel que osara a acercarse a él.

La bella mujer de labios rojos y cabello castaño, decidida a conocer la verdad sobre su propio futuro, se aproximó al espejo. Lo que éste le reveló la dejó impactada.

Una imagen distorsionada y esperpéntica se mostró ante ella. El pelo blanco cubría un rostro demacrado por las arrugas, y la esbelta figura había desparecido. Durante un breve instante la mujer horrorizada observó su espantosa apariencia. No era ella, no podía serlo, ella era hermosa y el espejo le mostraba una anciana vulnerable y fea.

De repente se fijó en los ojos. Los ojos de la anciana reflejaban amor. Entonces lo comprendió todo.

Cine, Sociedad, Vida

La “debilidad” de la costumbre

Hace un par de días en el trabajo uno de mis jefes me dijo una frase con la que no estoy para nada de acuerdo pero que parece tener un público muy acérrimo: <<Cualquier tiempo pasado siempre fue mejor>>. En contestación a esto le dije que me gustaba más mirar al presente y en todo caso al futuro, y me respondió que eso era de “progres” Sigue leyendo “La “debilidad” de la costumbre”

Cine

La sabiduría del “cine negro”

Hace algún tiempo que no escribo sobre uno de mis más queridos hobbies: el CINE. Y  espero que desde aquí se me permita la licencia de confundir al lector empleando en el título las palabras “cine negro” a lo que a continuación os voy a contar.

Como ya sabréis el “cine negro” es como comúnmente se conoce a ese tipo de cine desarrollado en Estados Unidos en el siglo pasado, desde los años 30 a los 50. Pero ese no es el tipo de cine al que quiero referirme en la entrada de hoy, sino centrarme más bien en los actores negros y en las películas interpretadas por ellos, películas que hacen referencia a las desigualdades sociales y al racismo. Filmes que siempre me han gustado por mostrar y denunciar las aberrantes prácticas políticas y sociales que el género humano practica en sus semejantes.

Uno de los actores al que siempre he tenido un especial cariño ha sido a 

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Vida

No y Sí

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NO

No, no tengo pareja.

No, no tengo hijos.

No, no tengo una casa en propiedad.

No, no he plantado un árbol (todavía).

No, no he escrito un libro (todavía).

No, no me gusta el circo ni los payasos.

No, no he vivido nunca fuera

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